¿Eres un patrocinador o eres una mosca? parte 2

Captura de pantalla 2013-07-26 a la(s) 20.59.44Escribía Bryan M. Carney el pasado lunes 15 de julio en el editorial de la edición europea de The Wall Street Journal, un magnífico artículo en el que reflexionaba sobre toda esa suerte de “acciones altruistas” consistentes en realizar hazañas que requieren una especial destreza física o someterse a increíbles y duras pruebas de resistencia.Los participantes “solo” comprometen su participación a cambio de patrocinadores dispuestos a donar dinero pero, la pregunta es: ¿a cambio de qué?

Según nos cuenta Carney en su artículo, él se hizo “la pregunta del millón” participando en uno de estos eventos en el que debía afrontar 60 millas (algo más de 96 km) para subir una colina en plena noche. Esta es la misma reflexión que debieran hacer las entidades del Tercer Sector cada vez que deciden afrontar un reto para la captación de recursos.

No pretendo poner en duda ni la actividad ni el destino de los fondos que se recaudan. Ni siquiera pretendo cuestionar todas estas acciones, simplemente pretendo alertar sobre el exceso y sugerir la obligación de reflexionar con calma sobre la eficiencia (medición entre los servicios prestados y los recursos destinados a la acción) de cada una de estas acciones y su eficacia (medición del grado de satisfacción de todas las partes implicadas, stakeholders). Fundamentalmente porqué más allá de los donantes particulares, tal como señalábamos en el post ¿Eres un patrocinador o eres una mosca? (1ª. Parte de este), un patrocinio así suele ser “pan para hoy y hambre para mañana”.

¿Porqué?  Pues porqué este tipo de acciones no ofrecen nada tangible para el patrocinador, el patrocinador paga por el morbo que genera el esfuerzo descomunal de los participantes, pero la actividad, con frecuencia, no tiene nada que ver con la causa, de manera que no es posible una implicación real en ella. Si lo que queremos es vincular a una marca patrocinadora, es imprescindible ofrecerle algo más allá de pagar por el esfuerzo de otros, debemos ofrecerle algo a cambio, algo que nos permita obtener un beneficio mutuo más tangible más sólido que, por ejemplo, un logotipo en una esquina del póster del evento.

Es cierto, como dice Carney, que este tipo de acciones parecen funcionar, especialmente a grandes ONG’s, de ahí su proliferación, sin embargo la cuestión es ¿hasta cuándo puede durar la caridad sin ofrecer nada a cambio?

Sergi Capell.

Fuente, editorial Bryan M. Carney: http://online.wsj.com/article/SB10001424127887323394504578607903322723758.html

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